Profundizado sobre la importancia de los cuidados continuos en estos pacientes. hemos abordado cuestiones como la importancia de la vacunación de los pacientes con cáncer o el papel de el personal enfermero de cara a aumentar las coberturas vacunales de los mismos.
Los pacientes con cáncer son más vulnerables a las infecciones porque su sistema inmunológico, encargado de protegerles, presenta sus funciones disminuidas o alteradas. Las consecuencias de que los pacientes oncológicos no se vacunen son de diversa índole y están estrechamente relacionadas con el tipo de vacuna de la que carezcan. Al respecto por ejemplo, en el caso de la gripe, hay pacientes a los que les supone una neumonía grave o, incluso, llegan a fallecer. “Este riesgo es mucho mayor en los pacientes con cáncer””, asegura.
En otras infecciones, como la provocada por el herpes zóster, las complicaciones locales que pueden darse en estos pacientes, pueden ser mucho más frecuentes y el proceso agudo mucho más grave. La vacunación del paciente oncológico no afecta al proceso terapéutico, sino todo lo contrario, ya que es precisamente la aparición de infecciones lo que puede motivar la decisión clínica de retrasar o suspender los tratamientos. En el mismo sentido, las vacunan tienen un gran impacto positivo en la disminución de ingresos hospitalarios, el uso de antibióticos, la merma en calidad de vida y, en última instancia, en evitar fallecimientos. Motivo por el cual, en ningún caso, hay que infravalorar las secuelas de infecciones.
Las vacunas, armas preventivas
En los últimos años, se han establecido una serie de protocolos y recomendaciones respecto a la vacunación de los pacientes oncológicos.
Recomiendan seguir el calendario de vacunación para grupos de riesgo. A su vez, desde la Sociedad hacen especialmente hincapié en la vacuna de la gripe, del COVID-19, del neumococo y del herpes zóster. “Son vacunas que no se recomiendan para toda la población, salvo en la población mayor de 50 -65 años, pero que en todo paciente oncológico sí que se deberían de administrar”.
Pacientes oncológicos e infecciones
Las infecciones son un gran problema de morbi-mortalidad que se acrecienta en los pacientes con cáncer. En este aspecto, tanto la infección como el tipo de tumor afectará a la severidad de las mismas. Por ejemplo, la mortalidad de la infección por el virus de la gripe es prácticamente el doble en pacientes oncológicos respecto a la población normal. Por este motivo y por el grado de inmunosupresión que producen los tratamientos son considerados un grupo de riesgo. “El propio tumor produce un estado de inmunosupresión debido a que produce un cambio en la funcionalidad y en las poblaciones de las células del sistema inmune”, relata. Además, estos tienen una alteración en la hematopoyesis que hace que haya un mayor número de células inmaduras para poder ejercer una respuesta. A esto hay que añadirle que también presentan una mayor población de células inmunosupresoras.
“El propio tumor produce un estado de inmunosupresión debido a que produce un cambio en la funcionalidad y en las poblaciones de las células del sistema inmune”
Los pacientes oncológicos pueden y deben vacunarse con las vacunas adecuadas, sólo las vacunas con virus vivos atenuados están contraindicadas en pacientes que tengan un tratamiento activo inmunosupresor, porque tienen un riesgo mayor de replicación viral e infección. “Si es necesario administrarla, habría que hacerlo cuatro semanas antes del inicio del tratamiento”. En cambio, las vacunas inactivadas se pueden poner durante un tratamiento oncológico, aunque esto puede limitar su eficacia, por lo que siempre es mejor administrarlas antes de iniciarlo.
Gripe y COVID-19
En el caso de la gripe, se recomienda su vacunación antes del inicio de la temporada de la misma. “Se recomienda tanto al paciente como a su entorno familiar y al profesional sanitario”, afirma. Poniendo el foco sobre la seroconversión de estos pacientes, se ha observado que los que están en tratamiento con quimioterapia tienen una seroconversión menor.
Con respecto al COVID-19, estos pacientes necesitan, además, una dosis de recuerdo en el caso de que estén con un tratamiento oncológico activo. “Se recomiendan cualquiera de las vacunas disponibles, tanto las de ARNm como las basadas en vectores virales”, explica.
A pesar de que los estudios de estas vacunas se realizaron en personas sanas y los pacientes oncológicos se excluyeron de los ensayos clínicos, según los metaanálisis disponibles, “sí se logra una seroconversión, aunque esta es inferior que en sujetos sanos. Esta cifra sería aún menor si no se hace una pauta vacunal completa”, En este aspecto, también hay que tener en cuenta que estos pacientes, a pesar de estar vacunados, tienen un mayor riesgo de desarrollo de esta infección, pero menor del que tendrían si no se reciben la vacuna”.
Neumococo y herpes zóster
La vacuna del neumococo es otra de las recomendadas. “En la actualidad ya tenemos nuevas vacunas para el neumococo”, disponen de una vacuna conjugada con 20 serotipos que está sustituyendo a las anteriores. “A parte de tener una cobertura mayor de serotipos, tiene la comodidad de que es una única dosis”, incide. Con los diferentes estudios se ha podido comprobar que la respuesta serológica es satisfactoria y que se disminuye el riesgo de hospitalización e infección.
Incidiendo en la infección del herpes zóster, la vacuna recombinante adyuvada frente al HZ ha sido una de las últimas vacunas en estar disponible.
Las secuelas crónicas de esta infección pueden poner en riesgo la salud de los pacientes con cáncer. Entre ellas, destacan una sobreinfección bacteriana, parálisis o, en algunos casos, hasta ictus. “Todo esto ocurre porque hay una disminución de la inmunidad relacionada con el envejecimiento celular”, sostiene. “A pesar de que la incidencia de esta infección es relativamente baja en la población general, aumenta a partir de los 50 años y, en concreto, en estos pacientes puede multiplicarse por cinco o por seis. Por lo tanto, se recomienda la vacunación con esta vacuna en una pauta de dos dosis separadas de dos meses. “Está recomendada para todos los pacientes con tumores sólidos que estén en tratamiento con quimioterapia o con otras terapias que tengan riesgo de inmunosupresión”.
En los estudios se observó inicialmente que los títulos de anticuerpos eran superiores en aquellos pacientes que recibían la vacuna antes de la quimioterapia, pero conforme se les hacía el seguimiento, estos títulos se iban igualando al de los pacientes que recibían la vacuna durante el tratamiento.
Momento ideal para vacunar
Siempre que sea posible, el momento ideal para administrar las vacunas inactivadas es de al menos dos semanas antes de iniciar el tratamiento. (quimoprofilaxis).En el caso de que la vacuna sea con virus vivos atenuados, el margen debería ser de al menos cuatro semanas de empezar el tratamiento inmunosupresor. Si la vacunación se lleva a cabo después, se deberían esperar al menos tres meses después de finalizar el mismo.
“El problema que tenemos es que la mayoría de nuestros pacientes están con un tratamiento más o menos crónico y no se puede parar”
“El problema que tenemos es que la mayoría de nuestros pacientes están con un tratamiento más o menos crónico y no se puede parar”, Por ello, se han realizado diferentes estudios para determinar el momento ideal para administrar la vacuna dentro del ciclo del tratamiento, aunque a día de hoy no se ha llegado a ninguna conclusión concreta, sí que se ha comprobado que, por ejemplo, los pacientes que están con inmunoterapia tienen una mayor respuesta celular y un mayor porcentaje de seroconversión a las vacunas. Además, se ha observado que no desarrollan un mayor porcentaje de efectos adversos.
Labor de los Enfermeros y Oncologos
Conciencientizar a la población general sobre la importancia de seguir el calendario vacunal y aumentar las coberturas vacunales es esencial, pero más indispensable es si cabe que, desde las consultas, los oncólogos transmitan este mensaje a sus pacientes.
“A raíz de la pandemia ha habido una concienciación diferente de la vacunación”, “Los datos pre y post COVID-19 probablemente sean muy diferentes. Si se observa la vacunación completa pre-COVID-19 en un paciente oncológico esta será excepcional, salvo en algunos casos”, indica.
No obstante, afirma que hoy en día está más implementada, aunque “el porcentaje, ni mucho menos, es del cien por cien”, lamenta. “Este porcentaje ha aumentado, a pesar de que no tengamos datos concretos. En el caso de la gripe y del COVID-19, el porcentaje será muy alto, por encima del 70 por ciento” estima. Sin embargo, en otras vacunas como la del neumococo o el herpes zóster no hay una cobertura vacunal tan positiva. Como consecuencia directa de ello, “estos pacientes se están perdiendo una oportunidad muy buena de prevenir la enfermedad y de evitar posibles secuelas”,
«La vacunación debe ser un trabajo común desde los hospitales y desde los servicios de atencion primaria”a pesar de que actualmente haya una serie de recomendaciones establecidas, lo complicado es llevarlas a cabo y ponerlas en práctica. “Cuando piensas en vacunar a una persona parece algo muy sencillo, pero cuando tienes que vacunar a la totalidad de los pacientes oncológicos es algo muy complejo por el personal del que disponemos, es inabarcable”, alega. Motivo de ello, establece como “imprescindible” que se establezcan estrategias, no solo desde los centros hospitalarios a través de medicina preventiva o con enfermeras en oncología, sino aumentando la concienciación en Atención Primaria (AP). “Debe ser un trabajo común desde los hospitales y desde las áreas de AP”.
